Sergio Anselmino

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Texto: Perla Carolina Bollo
Fotografías: Sergio Anselmino

EXPEDICION PENINSULA MITRE COSTA SUR

La idea de documentar fílmica y fotográficamente la maravillosa Península Mitre estaba destinada, entre otras cosas, a tratar de contribuir con material, al proyecto que impulsa la creación del Area Natural Protegida Península Mitre. Sergio Anselmino ya había realizado esta gigante travesía en Abril de 2004. Había partido de la ciudad de Ushuaia hasta la ciudad de Rio Grande recorriendo toda la costa de Península Mitre. En solitario, sin comunicación y con una mochila con 45 kg de peso caminó durante 45 días. Documentó toda la península en más de 3500 fotografías y luego se encargó de mostrarlas a toda la provincia de Tierra del Fuego. Presentó una muestra fotográfica con más de 400 imágenes la cual denominó "La Tierra del Fuego desconocida", fue muy concurrida y muy bien criticada. Él también después de trabajar durante 6 años en un lento y exigente proyecto pudo cumplir con su sueño y publicó dos libros de la fauna existente en la provincia, con todas sus fotografías y sus textos creó "Fauna del Canal Beagle" y "Fauna de Tierra del Fuego", estos fueron declarados de: Interés Educativo-Cultural por el Ministerio de Educación de la Provincia, Resolución M.ED.Nº 1721/07.- Interés Turístico por el Intendente de la Ciudad de Ushuaia, Decreto Municipal Nº 1200/2006 .- y de Interés Institucional por la Administración de Parques Nacionales de la República Argentina, Resolución Nº 277/07.-


Ahora yo era invitada por él a documentar en video esta tan inóspita tierra. Acepté sin dudarlo. Deje a un lado todos los comentarios negativos que empezaron a caer sobre mi y el proyecto...

¿Estar 40 días durmiendo en una carpa, sin bañarse?, ¿tomar agua de turba en todo ese tiempo?, ¿cruzar el río López (que se adueñó ya de muchas vidas) y todos los otros ríos y los acantilados?, eran algunos de ellos. Quedaban tres meses para la fecha prevista, partiríamos desde Estancia Moat hasta Cabo San Pablo, siempre por al costa. Armar una travesía a pie, de tantos días, por una geografía y clima tan difícil requiere de muchos preparativos, detalles y realidades. Sergio tenía mas experiencia y así empezamos el plan de entrenamiento psicofísico, aunque lloviera, nevara, hubiese viento o estuvieramos cansados, sin excepción durante dos meses tendríamos que correr una hora por dia y asi lo hicimos. Cuando faltaba un mes para nuestra partida dejamos de correr y sugirió que como él, tratara de aumentar de peso lo mas posible… no lo entendía.


Una cuerda de 60 metros de largo, mosquetones de seguridad, bengalas de emergencia, linternas, un radio vhf, aguja e hilo de sutura, corticoides, antiinflamatorios, sales de rehidratación, analgésicos y otros, llenaron el botiquín, que como las anteriores cosas fueron las primeras en comprarse. Carpa, bolsa de dormir, interiores térmicos, guantes y las dos únicas mudas de ropa que llevaríamos fueron cuidadosa y exigentemente elegidas, aunque sabíamos que en Abril el clima es calmo con respecto a lluvias y vientos, no dejamos de tenerlo en cuenta. El equipo fotográfico estaba compuesto por 1 trípode, 2 cámaras reflex, 1 filmadora con 15 cassettes de 1 hora y 3 baterías de alta duración; para alimentar las cámaras de fotos llevaríamos 80 pilas de litio AA. Lo que más nos preocupaba de todos estos detalles era la comida.
Nos acercamos a la Armada Argentina y le preguntamos si podían enviar a su destacamento ubicado en la Bahía Buen Suceso, una caja con alimentos, baterías y medicamentos para que cuando arribáramos a ese punto tuviésemos para reabastecernos y poder seguir de esta manera hasta Cabo San Pablo, ellos como siempre accedieron con amabilidad y responsabilidad . A una semana de haberles entregado las cajas, nos informaban que ya habían sido dejadas en el destacamento. Adolfo Imbert que realiza las únicas travesías a caballo hacia la península, partía hacia la misma, en una fecha cercana a la nuestra. Él, también muy amablemente agregó a sus alforjas el peso extra que luego dejó en Policarpo. Un velero que iba a realizar una travesía a Bahía Aguirre, se ofreció llevar a la misma, alimentos para abastecernos cuando llegáramos a esa enorme Bahía. Armamos 3 cajas con alimentos para 3 días de estadía en ese lugar y para luego poder seguir con alimentos hasta Buen Suceso. A pocos días de salir nos encontrábamos con la preocupación de la comida más que solucionada. Martín Lawrence siempre mas que dispuesto para los proyectos de Sergio nos llevó hasta Estancia Moat. Allí dejaría todos los nervios y ansias que me venían atormentando desde hacia 3 meses.

El 16 de abril a las 15.30 horas nos pusimos las mochilas y empezamos lo que terminaría 29 días después.

Como la primera noche, buscar un lugar reparado del viento y cerca de un afluente de agua dulce sería la prioridad todos los días siguientes.


Pensé que el Faro San Pió ubicado en el extremo más sur de la República Argentina y su imponente paisaje de acantilados, rompientes y los increibles vientos, iba a ser el lugar mas lindo que conocería en esta travesía. Que equivocada estaba!.


El ingreso a la Bahía Sloggett era acompañado con los relatos que Sergio me iba contando sobre su historia, el oro había logrado en cierta manera poblar esa bahía, queda como testigo de aquello una gigante draga que se usaba para separar el oro.

Él no me había hablado mucho del Río López y ahora frente al mismo viendo su fuerte correntada me explicaba que esa desembocadura era muy profunda, que trabajaba con la marea y cuando esta subía el río aumentaba en aproximadamente 6 metros su ancho. Luego de dos intentos fallidos de cruzarlo mas arriba, me encontraba ahora atada a la cuerda que Sergio sostenía en la otra costa justo en la desembocadura. Él había cruzado nadando y luego cruzo las dos mochilas atadas con la cuerda que ahora me daba seguridad.

Después de prender un gran fuego se acercó a la costa y me gritó las ya repetidas y exigentes recomendaciones sobre el shock que me iba a provocar el agua helada durante esos aproximados 30 metros que nos separaban. Temblando de frio junto al agradable fuego, recordaba lo que Sergio me había dicho "el peligroso Río López es el peaje para ingresar a la maravillosa Península Mitre".

Hacía una semana que llevábamos caminando, pero hoy el dia era mas oscuro que los anteriores, el viento también era diferente, no respetaba una dirección y era muy frió. El 21 de abril dejábamos atrás Bahia Sloggett y también el buen clima. Antes del atardecer de ese día la nieve y los vientos ya se habían encargado de blanquear el interior del bosque donde habíamos decidido dormir.


Por la mañana todo el paisaje se encontraba cubierto de una capa de 15 cm de nieve. El ambiente era aún mas oscuro que el día anterior, el mar muy agitado formaba una espuma consistente que era arrastrada por el fuerte viento hasta casi 300 metros de la costa. Después de ponernos la ropa mojada del día anterior, comenzamos a caminar, el viento algunas veces traía nieve y otras granizo, el agua sobre la turba cubría nuestros pies, en dos ocasiones con mucho esfuerzo prendimos un pequeño fuego para hacer circular la sangre en nuestros helados pies. La penúltima noche de los 4 dias que la nieve y el viento no dejó de castigarnos y ya metidos dentro de la bolsa de dormir húmeda, me angustiaba tener que mostrale a Sergio el color oscuro de los dedos de mis pies y contarle el dolor que iba incrementandose. Esa noche fue terrible, no pudimos dormir ni un momento, apenas me habló para recordarme que tomara otro antiinflamatorio, eran un poco mas de las cinco de la mañana, no estaba enojado sus pensamientos estaban fijos en que decisión teniamos que tomar.

A las 10:00 a.m. el viento sacudía la carpa con ráfagas fuertisimas como lo había hecho toda la noche, no necesitábamos abrir la carpa y asomarnos para adivinar que día existía afuera. Las gotas que caían del techo de la carpa, hasta la ya empapada bolsa de dormir y que apenas se podían ver por la luz gris oscura que se traslucía por las paredes, nos indicaban que todo seguía igual. Mientras me pedía que le mostrara mis pies, me explicaba (tratando de no transmitir preocupación) que había dos posibilidades. Señalandome el mapa me mostraba que nos encontrábamos ya entrando en la Punta Kinnaird y que probablemente en un día y medio estaríamos en Puerto Español, donde tendríamos una salamandra, un techo y la comida que el velero nos había dejado en la misma. O tratar de pedir auxilio a algún barco desde donde nos encontrabamos para que nos sacaran de ahí; sobre este último me alertó que no vendrían a buscarnos hasta que no terminara la tormenta. Por lo tanto decidimos continuar. Recién a las 11:30 hs. comenzamos a caminar y a las 15:30 hs.tuvimos que buscar un lugar para armar la carpa, el viento, el frio y la nieve no nos dejaba seguir. Después de haber pasado 17 horas adentro de la carpa nos levantamos entumecidos y casi psicológicamente derrotados. Dejamos atrás la punta Kinnaird y entramos a Bahía Aguirre. No exajero pero creo que la humedad y el agua que existían en nuestras mochilas duplicaba el peso de las mismas. Los pies ya no los sentía.

Otra desmoralizante noche apenas a 2 kilometros de la Cueva Gardiner. Al otro día con una alegría inexplicable, sumergíamos el cuerpo hasta casi el pecho en el río Bompland. Doscientos metros cubiertos por 30 centímetros de nieve nos separaban de la tan anhelada y abandonada Estancia Puerto Español. Como se puede ser tan felíz abriendo solo una puerta?. Mis lágrimas se mezclaron con la nieve.




Una vez prendida la salamandra, Sergio fue en busca de la comida que nos había dejado el velero, su lento regreso y su cara decían que algo no estaba bien. Con palabras caídas y shockeado como nunca lo había visto, me dijo que las cajas con la comida no estaban. Yo no lo podía creer. No reaccionaba. Una ráfaga de viento mas agresiva que las demás golpeando fuertemente la pared, nos hizo recordar lo que había sido el mar los días anteriores. Al regresar a Ushuaia nos enteramos que al final el terrible clima que habíamos atravesado había sido mucho mas benigno con nosotros que con el velero. La travesía junto con nuestra moral parecía acabarse hasta que encontramos un pequeño armario con algunos kilos de fideos, arróz, harina, azúcar y café (estos con más de dos años de vencimiento), estos mas el calor de la salamandra y lo confortable del lugar, logró que nos repusiéramos del cansancio. Mis pies comenzaron a mejorar bajo el efecto de los antiinflamatorios, el reposo y los masajes. La nieve se fue al igual que las oscuras nubes. Estábamos listos para continuar la travesía y dejar la apacible y solitaria estancia atrás.

Descender a las 14 cuevas que Sergio descubrió en su travesía en solitario, no fue nada fácil, pero valió la pena. Entramos a casi todas, cada una tiene un ambiente y aire diferente pero la que alcanza los 160 metros de profundidad es algo único, su silencio, su total oscuridad y la energía que existe en su interior son cosas inexplicables. Saliendo del cabo Hall caminamos teniendo como paisaje los espectaculares montes Atocha, Pirámide y Campana. El ingreso a Bahía Valentín nos tuvo durante horas apenas sostenidos en difíciles acantilados, el esfuerzo fue compensado cuando logramos alcanzar la playa de varios kilómetros de largo de arena dorada. Alcanzar la Bahía Buen Suceso hacía unos días se había convertido en una necesidad, casi no nos quedaba comida. Y ahora yo entendia porque como parte del plan de entrenamiento estaba el aumentar de peso. Ya a esa altura habíamos perdido varios kilos.


Nueve cóndores en un momento volaban a 6 metros sobre mi cabeza en una de las cumbres cercana a Bahía Valentín, en los montes negros. Cinco de ellos eran juveniles y cuatro adultos, es lo único que puedo describir. El sonido que producían sus enormes alas al cortar el aire puro que envolvía esa altura, sus miradas directamente a nuestros ojos y lo pequeño que se siente uno ante esas espectaculares aves, creo que no lo voy a poder describir nunca. Caminando en la playa de Ensenada Patagones fue cuando vi por primera vez la Isla de los Estados, como un espejismo desaparecia y aparecía entre las azules nubes que se mezclaban con el mar. Son pocas las veces que esta Reserva Natural se encuentra despejada de las bajas nubes del mar austral. Sería muy afortunada y un día por la mañana podría verla pintada de rosas y dorados durante largos minutos por los rayos del sol. Pasamos días y noches que todavía duran en mis retinas. Una nube de estrellas cubrió nuestro campamento a 900 metros de altura. El silencio en algunos momentos mi hizo dudar si yo existia. Sentí la fuerza y el frio del mar sobre mi espalda y no me causó temor,solo respeto. Creí que nunca tomaría agua de turba y fue lo único que bebí durante 29 días. Compartí y sentí la libertad de los guanacos, zorros, cóndores y aves marinas en su maravilloso hábitat.


En estos días, el fuego cerca de nuestra carpa, no unicamente entibió la comida, sino también lo hizo con mi alma, haciéndome sentir lo importante que es la naturaleza para el ser humano.

Minutos después de que Sergio me mostrara la silueta del faro Buen Suceso iluminado por los últimos rayos de luz. Una ráfaga de viento me empujó y tiró al suelo, él se dió vuelta para saber si lo que lo había sacudido a él, tambien lo había hecho conmigo, me vió tirada en esa cumbre pedregosa y no me dijo nada, no quería hacer sentir mas importante a ese viento, que durante semanas no había dejado de querer lograr que le sintieramos miedo.

Caminamos las últimas 3 horas completamente de noche antes de saludar a las dos personas que salieron a recibirnos, hacía 26 días que no veíamos gente. Los tres días que estuvimos en el destacamento de la Armada Argentina en Bahía Buen Suceso fue repleta de amabilidad, respeto y buena comida. Pudimos comunicarnos con nuestras familias y decirles que nos encontrábamos bien y que seguiríamos camino a Cabo San Pablo. Sentada frente al ventanal que da a la playa de la bahía y que como también en ese momento me dejaba disfrutar de la Isla de los Estados, sostenía el mapa húmedo que nos había acompañado todo el viaje, miraba mi situación en el mismo y no podía creer que había llegado hasta ahí, muchos kilómetros nos separaban de Estancia Moat, habíamos atravesado todos los ríos, bosques y acantilados que se encontraban a lo largo de toda esa costa.


Sergio ahora me marcaba en el mapa que la costa que nos faltaba era mucho más accesible que la que habíamos caminado. Los acantilados y cañadones ya no existen y la costa libre de estos se hace rápida y segura, en una semana y media terminaríamos nuestra travesía. Mi pie hasta este momento se había mejorado, pero aunque ya no estaba tan inflamado yo todavía sentía un poco de dolor y en algunos lugares insensibilidad, la necrosis se había quedado instalada en cada dedo gordo de mis pies sin abanzar pero sin disminuir. La marea bajaba a las 8:30 hs., a esa hora del día siguiente sería cuando dejaríamos el destacamento. Las mochilas ya estaban cargadas. Sergio me invitó a caminar por las cercanías del destacamento, acción que no realizamos desde que habíamos llegado. Después de 45 minutos de caminar apenas podía subir los escalones para ingresar al destacamento, mi pie izquierdo inflamado como antes nunca lo había visto, era el responsable de mi terrible dolor. Porque ahora?, ¿la calefacción o el agua caliente me habían hecho mal?. Ahora que importaba, apenas podía apoyar el pie. La noticia afecto en lo más profundo a Sergio. La tranquilidad y la fuerza con la que nos encontrabamos, se la llevó la realidad.

Sergio decidió que no tendríamos que arriesgarnos a seguir, mas allá de que el camino iba a ser fácil, todavía faltaba una semana y media y no nos ibamos a cruzar con ningún lugar habitado. Teníamos que prevenir cualquier tipo de complicación futura y quedandonos ahí lo estabamos haciendo. La noche anterior había fondeado en la bahía a unos 700 metros frente al destacamento el Buque Alférez Sobral de la Armada Argentina, creo que se encontraba realizando un trabajo en la Isla de los Estados. Muy temprano se había ido y ahora se lo veía nuevamente fondeado dentro de la bahía. Sergio decidió comunicarse con el comandante para saber si existía alguna posibilidad que cuando ellos terminaran su trabajo y estuvieran por regresar a Ushuaia me embarcaran aunque sea a mi.

Me pareció bien y aunque me encontraba muy triste, yo no queria renunciar a lo que habíamos empezado, sabía que Sergio tenía rázon, no podíamos dejar de prevenir teniendo esta posibilidad. Sergio se comunicó con el barco y les informó en que estado me encontraba aclarándoles que no era una ni una emergencia ni una urgencia, que si existia la posibilidad de que cuando ellos regresaran a Ushuaia aunque sea me embarcaran a mi. Aguardamos la respuesta y mas tarde se comunicaron informando que el comandante había decidido que al otro día a las 9 de la mañana enviaría un gomón a buscarnos y que partiríamos para Ushuaia. Así se hizo…la estela que alejaba al barco de la bahia, alejaba también parte de nuestro viaje. El diagnóstico del enfermero del barco a minutos de haber subido al mismo confirmaba que habíamos tomado la mejor decisión.



La atención en el Alférez Sobral fue desde el principio y hasta el final excelente, nos sentímos como en casa. El comandante,una persona muy amable sensata y gentil nos mostraba los registros del terrible clima que había golpeado la costa y mis pies.A las 23 horas una ambulancia de la Armada pedida por el comandante del barco me esperaba en el puerto cuando desembarcamos. Asi finalizaba uno de los viajes mas difíciles pero maravillosos que he realizado. Las secuelas y el aprendizaje fueron positivas. No dudaría en aceptar otro viaje igual, no dudo que voy a recorrer la otra costa de Península Mitre la cual creo que debe ser protegida sin más demoras. Trece horas de filmación y mas de 3000 fotografias completan el diario de este viaje, apenas una pequeña parte de todo lo que vivimos. Quiero agradecer por siempre a todas las personas que compartieron y colaboraron en este viaje, todos ellos incondicionalmente.

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