
Sergio Anselmino
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"Se incendia el paisaje ante mis ojos, es Otoño en Tierra del Fuego"
| Texto: Perla Carolina Bollo |
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Son las ocho de la mañana, comenzamos a recorrer el Valle Carbajal que se despliega cubierto en su mayor parte por turba que a esta altura del año presenta una llamativa coloración rojo-anaranjada que pareciera continuar con la de las hojas de los ñires y lengas, formando así un tapiz colorido que contrasta con las cumbres parcialmente cubiertas de nieve y el cielo celeste.
Nos dirigimos con dirección oeste para cruzar el paso denominado de “Las Cinco Lagunas”, en plena cordillera de Los Andes, que hacia el norte nos comunicará con el Lago Fagnano. La caminata se hace ligera al comienzo, ya que existe una senda, después de aproximadamente cuatro hora nos desviamos de la misma para cruzar el Rio Oliva e ingresamos a una inmensidad de turba en donde la marcha se torna más lenta. Un Castor nada tranquilo en una serena laguna, unos majestuosos Caranchos como propietarios del lugar nos observan desde arriba de un árbol de lenga. Delante nuestro, pequeñas hojitas de lenga, mágicamente suspendidas en el aire giraban hacia un lado y el otro, decorando en forma sorprendente el bosque, como inquietas mariposas… Las hojas de los arboles al caer, habían quedado atrapadas en casi invisibles hilos de telarañas. Una vez más el bosque me sorprende con sus creaciones y detalles. Un grupo de grandes arboles roídos, nos orientan hacia una enorme obra de ingeniería de Castores. Es muy triste ver como el bosque va muriendo lentamente bajo este minucioso trabajo de destrucción por animales no autóctonos de esta hermosa isla. Pasado el medio día comenzamos a ascender para realizar el cruce hacia el Lago Fagnano, una hermosa postal panorámica del Valle Carbajal se aprecia una vez que empezamos a tomar altura y comenzamos a encontrar una secuencia de cascadas, hasta que por fin logramos ver la primer laguna.
Pequeña ante las cumbres que la rodean, de forma circular y con escasa vegetación, encontramos a la laguna envuelta en un silencio absoluto, ni viento, ni lluvia, por momentos el sol se esconde y el paisaje se vuelve gélido y gris, y ahora en un instante las ráfagas que llegan de viento nos hacen poner en movimiento. El color del agua no es más que el reflejo de la pureza de lo que lo rodea… Decidimos acampar cerca de una gran pared de piedra que nos inspiraba resguardo. Una noche de luna llena transformó el paisaje en imágenes metalizadas que brillaban cada vez que la luna inmensa las iluminaba en una secuencia dirigida por las nubes.
La mañana fría y gris nos espera para caminar. Las lagunas se van sucediendo, una seguida de la otra ya en pronunciado descenso, comunicadas por ruidosas cascadas de diferentes tamaños. A lo lejos ya divisamos el Lago Fagnano. Decidimos descender por una zona boscosa y nos sumergimos en un bosque cuyo suelo se encuentre alfombrado totalmente de hojas secas. Ya muy cerca de Bahía Los Renos el paisaje se llena de luz, el sol aparece, no solo iluminándolo todo sino también dando calor. Ya podemos ver bien la otra costa del Lago Fagnano, se ven las montañas pintadas de blanco arriba y rojo hacia abajo.
Bahía los Renos es un lugar más que se suma a la lista de los lugares entrañables de Tierra del Fuego. Silenciosa, protegida de los vientos, y con una vista imponente de la cordillera que parecieran ocultarla y cuidarla. Allí Manuel nos recibe con la amabilidad de pocos; de los que entienden mucho sin decir nada. Un café y un lugar cerca del fuego… él entiende, son las cosas básicas. Con la mirada siempre a lo lejos, como buscando algo o quizás para no perder de vista lo que ya encontró hace tiempo. El descanso nos viene bien, después de haber caminado intensamente, nos espera para mañana un tramo difícil de aproximadamente treinta kilómetros, la costa del Fagnano hasta la Laguna Palacios.
Comenzamos a caminar con todo seco, botas, ropa, etc. y, a minutos la lluvia durante más de cuatro horas se encargo de mojarnos totalmente de nuevo. Pasando Bahía Torito el recorrido de la costa presenta muchos árboles caídos, la montaña cae abruptamente al lago en un acantilado, el bosque es cerrado, en general con muchísima vegetación húmeda, helechos, líquenes, etc. Deja de llover y comienza el viento que transforma el lago, las olas fustigan la costa, estallan como un trueno, su rompiente como garras rasguñan el acantilado, da la sensación de querer liberarse de esa cárcel de piedra que lo encierra. El lago es una masa de agua atrapada entre montañas y azotada por vientos del noroeste que lo exasperan volviéndolo realmente peligroso. Después de una ardua caminata de casi nueve horas llegamos a cercanías de La Laguna Palacios, en donde decidimos acampar.Al cuarto de día de haber partido nos encontramos en la cabecera del Lago Escondido, en tres horas estamos en casa.
Una vez más la agradable sensación de caminar y conocer otro maravilloso lugar de Tierra Del Fuego, dándole la razón a Francisco Coloane (escritor Chileno) que dijo: “HAY QUE ANDAR, NO VALE LA PENA ESTAR, SIEMPRE COMO LAS PIEDRAS EN EL MISMO LUGAR!"... |
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