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Sergio Anselmino

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Texto: Perla Carolina Bollo
Fotografías: Sergio Anselmino

EXPEDICION FOTOGRAFICA Y FILMICA ISLA DE LOS ESTADOS

OBJETIVOS Y ORGANIZACION DEL PROYECTO

El Proyecto Fotográfico y Fílmico Isla de los Estados, “POR UN PENSAMIENTO DIFERENTE SOBRE NUESTRO ENTORNO NATURAL”. “NO PODEMOS RESPETAR Y AMAR LO QUE NO CONOCEMOS”, tuvo como principal objetivo, realizar un recorrido a pie por toda la superficie de la isla. Paso a paso, la isla se iría deslizando bajo nuestros pies. Paso a paso, nuestros pies, se irían deslizando por los bosques, por las piedras y por el agua. Documentando cada sitio, realizando un censo de fauna, determinando la distribución de animales introducidos (cabras y ciervos) y registrando diariamente tres veces por día, datos meteorológicos. Así, iríamos viviendo la isla como un mosaico de imágenes, datos y experiencias que se unirían para armar un único y completo trabajo de documentación. A esto se le sumó la pasión y la gran curiosidad que nos transmite la naturaleza y la esperanza de poder lograr que, cualquier persona, al leer lo referido a nuestra experiencia y observar nuestras fotografías, logre acercarse, amar y cuidar un poco más nuestro entorno natural.

La Isla de los Estados es un grupo de islotes que se encuentra situada en el extremo sur de la República Argentina, en la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida y Islas del Atlántico Sur, separada hacia el Este de la Isla Grande de Tierra del Fuego por el Estrecho de Le Maire, de unos 30 Km. de ancho. Tiene una superficie aproximada de 63.000 hectáreas y una longitud aproximada de 75 Km. de O-E. La misma fue declarada Reserva Ecológica, Histórica y Turística en el año 1991.

Nuestro proyecto ecológico y educativo, fue avalado por el Museo del Fin del Mundo y el Centro Austral de Investigaciones Científicas CADIC-CONICET. Fue autorizado y apoyado por la Dirección de Áreas Protegidas de la Provincia y declarado de Interés Provincial por el Poder Legislativo de la Provincia de Tierra del Fuego. Se organizó durante ocho meses una expedición con una logística compleja debido a su ubicación geográfica y a su clima. Los meses previos a la fecha de partida resultaron extenuantes.

El proyecto significaba netamente aislarnos durante casi tres meses, lo cual implicó tener en cuenta hasta el más pequeño detalle, ya que un error o un olvido por más pequeño que fuera, se volvería inmenso una vez que nos encontráramos en la isla.

Alimentos, indumentaria con propiedades técnicas específicas, botiquín de primeros auxilios, sistemas de comunicación, GPS, equipos fotográficos (cámaras, lentes, 350GB en tarjetas de almacenamiento, trípode), cámara de video de alta definición, mapas, tablas de mareas, más de 90 baterías, artículos de escalada (arnés, sogas etc.). Carpa, bolsas de dormir, aislantes, etc., que fueron cuidadosamente elegidos y distribuidos, llenaron nuestras mochilas que llegaron a pesar entre 35 y 50 kilos.

LA PARTIDA

A bordo del velero Fortuna de 12 metros de eslora, propiedad del capitán Moreno Salvatore, dejamos atrás la ciudad de Ushuaia. Navegamos el Canal Beagle, ansiosos por cruzar el fascinante Estrecho de Le Maire y experimentar esas sensaciones que solo nos regalan las aguas de los mares australes. La madrugada del día 23 de Noviembre de 2009 con la vela mayor desplegada, hinchada con el viento y muy escorados, divisamos la soñada Isla de los Estados. No debe existir un ser humano que no se estremezca ante la silueta de la isla que en pocas ocasiones la niebla deja ver…. Al acercarnos, sentimos la omnipotencia de la naturaleza en una de sus más impresionantes manifestaciones. La niebla la cela, la cubre, la oculta. El mar la aísla, el viento la acaricia y peina sus bosques.

Latitud 54: ISLA DE LOS ESTADOS.

Reina de la naturaleza, monumental, imponente, soberana. La isla nos muestra una faz salvaje e increíble que elijen gran variedad de animales para vivir y para reproducirse, todos interaccionando en un hábitat único espectacular de colores, sonidos, aire, agua y tierra.

La Isla me impactó fuertemente desde el primer momento. La imagen que tenía ante mis ojos la madrugada que llegamos, me dejó sin palabras. Pero esas sensaciones de omnipotencia y geografía desafiante serían solo el comienzo. Un continuo suceso de paisajes, situaciones de riesgos, sonidos desconocidos, encuentros inesperados en la soledad reinante de la Isla de los Estados, quedarían grabados para siempre en nuestra piel y en nuestras almas.

LA ISLA NO HABITADA

Isla de los Estados dispone naturalmente que nadie la habite en forma permanente, con un relieve montañoso que la cubre casi en su totalidad, clima oceánico, vegetación de bosque siempre verde constituida por guindos, canelos, líquenes, helechos, musgos y turba; bahías y fiordos en donde abundan altísimos acantilados. El viento, que surge, sopla y cambia de dirección sin ninguna razón, la lluvia, el granizo, la nieve, la niebla, la humedad y una geografía totalmente irregular, movilizan los sentidos y los estados de ánimo. Dinámicamente, el tiempo en la isla transcurre con una energía y aceleración casi enloquecedora. El sol, cuando se hace presente, es incandescente, luminoso, irritante, se derrama encendiéndolo todo; y cuando se oculta, la transformación del entorno, de brillante a sombrío, nos deja una sensación de ausencia.



PARTIDA DESDE PUERTO PARRY

Son las 17 hs. el velero Fortuna levanta anclas, comienza su regreso a Ushuaia. Con una particular impresión de abandono vemos como se va perdiendo entre la bruma. Al día siguiente comenzamos nuestro recorrido por la costa, partiendo desde Puerto Parry, el cual está en un fiordo aguzado y penetrante. Esta entrada profunda del mar que pareciera cortar a la isla, como sucede en Puerto Cook, está contorneada por un cordón de piedra de hasta seiscientos metros de altura que muere abrupto en el mar.

La marea, por unas horas, deja al descubierto una intransitable costa de grandes piedras siempre resbaladizas, tapizadas por brillantes algas, lo que hace muy complicado y por lo tanto pausado el caminar. A solo unos metros hacia arriba, un caótico bosque con árboles caídos y piedras, totalmente inclinado, no nos otorga un mejor panorama para continuar; pero irremediablemente debemos comenzar a subir ya que la costa presenta una gran piedra lisa que verticalmente se inserta en el mar, bloqueando nuestro paso.

Diciembre nos recibe con llovizna y nieve. Y nuestro primer campamento, ubicado al lado de una gran cascada, sobre una superficie muy inclinada, (en esas alturas casi no existen lugares planos), nos recibe con granizo que golpea durante más de una hora la carpa hasta acumularse alrededor. Esa primera noche escuchamos un extraño canto que no pudimos identificar. El mismo se repetiría más suave o más intenso durante toda nuestra estadía en la isla, siempre por las noches.

El verano en estas latitudes se manifiesta con muchas horas de luz. El atardecer se prolonga perezoso con una ligera claridad que permanece hasta el amanecer, nunca se hace presente la noche completa. Una tenue y misteriosa luz flota sobre nuestra carpa cada noche. Por ello quizás aquí, las estrellas comienzan a aparecer tímidamente; apenas se dejan ver disimuladas siempre por un suave resplandor. Una hermosa cruz del sur y numerosos satélites, con un brillo puro, parecen estar al alcance de nuestras manos, y quizás, fruto de mi imaginación toda la cúpula azul esta vez nos cubría casi exclusivamente a nosotros en toda la isla.

Después de una agotadora subida por una enmarañada red de musgos y árboles que nacen y crecen apenas aferrados a la montaña, subimos por una gran lengua de nieve que permanece a pesar de la época del año. Ahora la piedra remplaza la vegetación y nos da un respiro momentáneo. El viento nos golpea violentamente el rostro y nos empuja haciendo extremadamente lenta la subida, la cual nos carga de la ansiedad que siempre acompaña al que desea apasionadamente ver el paisaje que se esconde más allá de la cima.

Una vez arriba podemos descubrir el espléndido paisaje de cumbres con picos agudos entre los cuales se forman lagunas ubicadas en diferentes niveles, comunicándose unas con otras por un perfecto circuito de pequeñas cascadas. Puerto Hopnner se descubre ante nosotros, un puerto caprichosamente irregular, en su costa se diluyen los aportes de lagunas que desde lo alto caen saltando en un juego de obstáculos pedregosos, tupidos bosques y musgos.

Al avanzar, el bosque se va modificando constantemente, amarillos estridentes, verdes casi fosforescentes, anaranjados, marrones, ocres, los colores dominan nuestras miradas.

Las orquídeas silvestres, blancas y delicadas van apareciendo junto con una gran cantidad de bellísimas edelweiss que en algunas zonas forman un verdadero tapiz inmaculado. La Drosera coloreando sutilmente de rojo grandes superficies, se encontraba en flor, al igual que los canelos que desprendían un intenso y fresco perfume silvestre que se apreciaba deliciosamente en el aire.



LA PLAYA

Logramos descender paulatinamente después de bajar nuestras pesadas mochilas, una por una, con una soga, aproximadamente quince metros de una vertical piedra. Miramos hacia atrás y observamos asombrados el acantilado por el cual descendimos. Esta costumbre nos acompaña siempre que descendemos, nos gusta mirar hacia atrás y observar desde otro punto de vista el esfuerzo y el riesgo ya superado.

Pisamos después de mucho andar la placentera superficie plana y sólida de Playa Bedini que nos reconforta con el sonido de las olas que rompen incansables la arena.

El afelpado lomo de un adormecido lobo de dos pelos que se encuentra a pocos metros de nuestros pies, recibe la calidez de un sol arisco y escaso que brilla interrumpido por las nubes. Muy cerca una pareja de lobos de un pelo juega en el agua.

Nuestras huellas se mezclan en la arena con las huellas de un ciervo, las cuales seguimos como dos niños curiosos, con asombro logramos encontrarlo, y éste, al notar nuestra presencia, de repente desaparece como un fantasma en el bosque. Ese majestuoso macho seria nuestro primer avistaje de esta especie en la isla, de esta manera nuestro primer registro en nuestras anotaciones diarias.

Como siempre lo hacemos antes de partir a una expedición, anotamos las noches en las cuales podríamos observar la luna llena y esa noche en Playa Bedini, una gran luna iluminaba el mar, la arena, las montañas, y el bosque en el cual estaba nuestra carpa. Una vez más el suave canto extraño se repite hasta la salida del sol.

DE NAUFRAGIOS

Este mar sereno, que hoy nos recibe en esta hermosa playa, posee una faceta violenta y despiadada, vendiendo su alma al viento y a las fuertes corrientes, ha castigado con sus bravías olas, como un látigo, a un sinnúmero de barcos, logrando así que perecieran junto a sus tripulantes.

Por toda la costa de esta pequeña isla se pueden apreciar los restos de naufragios que el mar dejo hace años. Quedando al descubierto, son los testigos de gritos, penurias, esperanzas y desesperación de los náufragos que se llevaron a las profundidades muchas respuestas de la increíble historia de los mares australes, bautizando a la isla como un lugar tenebroso y despiadado.

BAHIA FLINDERS, ARENA Y SORPRESAS

Continuamos caminando con sentido Oeste, ahora, aparte de ciervos encontramos manadas de cabras salvajes con sus pequeñas crías, indecisas por curiosas, lentamente se van perdiendo en el bosque. El peso de las mochilas se hace sentir sobre nuestras espaldas. Nuestras piernas y nuestros pies luchan constantemente para mantenerse en equilibrio en superficies totalmente irregulares.

En algunos bosque muy espesos nos resultaba tan difícil caminar, que por momentos una espantosa sensación de claustrofobia nos hacia detenernos para tomar aliento, poner en orden los pensamientos y continuar.

Descendiendo entre raíces y paredes de barro llegamos a Bahía Flinders. Esta bahía posee dos pequeñas caletas en donde el mar depositó grandes cantidades de arena formando dunas muy altas. Detrás de estas dunas, parte del bosque, ha quedado prisionero por toneladas de arena, privado de nutrientes, muriendo lentamente. Un gran boyón de amarre, que se desprendió de su cadena, duerme sobre la playa de una de las caletas, muy cerca del mar…

Un poco más adelante, nos liberamos de nuestras mochilas y, como siempre lo hacemos recorremos los alrededores para documentar los mismos. A veces, la gran cantidad restos de naufragios capta nuestra atención por algunas horas. Remontar un pequeño arroyo o chorrillo nos puede llevar a obtener una original fotografía de una hermosa cascada, una pequeña colonia de aves, o si uno tiene mas suerte, como nos sucedió ese día, encontrar un asombroso descubrimiento.

Instintivamente subimos a un gran acantilado de piedra, bordeándolo alcanzamos una especie de cueva. Con una vista hermosa, nos sentamos en el suelo para apreciar la copa de los árboles que tenemos delante nuestro. Resguardados del viento, aprovechamos para descansar. Me dedico a observar detalladamente cada rincón, cada fisura, cada color.

A pocos metros míos una formación ósea brota de la tierra y llama enteramente mi atención. Nos disponemos a remover delicadamente esa caja de sorpresas y ahí, más profundamente enterradas, comenzamos a sacar una gran cantidad de mejillones, almejas, lapas, piedras con evidente filo, huesos de aves, de ballena y de lobo marino, muchos de ellos quemados.

Aunque no somos arqueólogos, siempre nos interesó la vida aborigen. En momentos nos encontramos fotografiando detalladamente todo el material de este increíble yacimiento. A la noche, dentro de la carpa sin poder dormir, conversamos sobre el acontecimiento del día. No podíamos evitar estremecernos al pensar lo que significaba encontrar un yacimiento aborigen de estas características en la isla, maravillados por esta demostración de fortaleza, de adaptación a lo natural, de supervivencia, nos preguntamos: ¿Cuántos?, ¿Cómo?, ¿Cuándo?….

Los aborígenes convivían con la naturaleza, adaptados a ella. Ellos llegaron hasta aquí navegando un mar muy peligroso de corrientes indomables, con un gran oleaje, en simples canoas hechas de corteza de troncos.

BAHIA CROSLEY

Después de cruzar durante horas una gran pared de piedra que cae al mar, acompañados por un gran número de cormoranes, dejamos Bahía Flinders y sus mágicas dunas llenas de historias. Nos dirigimos así, a Bahía Crosley a la cual llegamos después de recibir en forma intermitente fuertes aguaceros y leves lloviznas. Esa madrugada la lluvia se prolongó. Al despertar, dudamos en continuar, pero las provisiones de comida estaban calculadas, razón por la cual debíamos hacer frente al temporal.

Nuestra estación meteorológica portátil, posee un sistema de alarma de tormenta que por cambios de presión comienza a sonar. Esta alarma llegó a sonar más de siete veces en un día. Este trabajo, de tomar los datos meteorológicos diariamente, resultó muy cómico, la temperatura y la presión parecían alterar los censores del aparato y el único parámetro que se mantenía casi estable era el de la alta humedad.

Esta bahía mira al noroeste, posee dos playas de arena y piedra separadas aproximadamente por un kilómetro y medio de bosque. Cada playa posee una baliza, las cuales se encuentran muy deterioradas. La bahía en sus extremos, presenta grandes acantilados decorados con cuevas formadas por la erosión que provocan las fuertes olas. En el siglo XIX Luis Piedra Buena instaló en esta bahía una fábrica de aceite de la cual actualmente quedan restos cubiertos por arena.

Un gran valle que nos seduce se despliega hacia el sur. Caminamos por un esponjoso y húmedo pastizal de altos juncos que esconden profundos pozos de agua y barro. Grandes y oscuras nubes vienen a descargar una vez más una torrencial lluvia y granizo sobre nosotros. Dejamos atrás la zona montañosa para transitar el más extenso y plano valle que se encuentra en la isla con destino a Bahía Franklin, acosados por más de treinta escuas que muy nerviosos nos acechan con vuelos rasantes, debido a que nos encontramos cerca de su colonia.

Mientras contorneábamos una gran laguna, una fuertísima explosión, generó un impresionante espiral de agua de más de 40 metros de altura, desapareciendo de golpe al tomar contacto con la costa. Una vez más el viento nos sorprende con su fuerza incontrolable. Circulando por franjas, pareciera que va por canales de aire donde toma gran velocidad.

Agotados y sintiendo las consecuencias de haber caminado casi 12 horas totalmente mojados y embarrados llegamos a Caleta Lacroix. Ahora debemos emprender la difícil tarea de encontrar un lugar en donde acampar, ya que por la humedad, la inclinación o la gran cantidad de vegetación, no resulta fácil la elección. Armamos campamento y nos disponemos a secar los equipos fotográficos y de video, tarea que cada noche y hasta el final de nuestra travesía, tuvimos que realizar. Aquí, después de caminar unos días, todo se halla completamente humedecido, los estuches de las cámaras de fotos, las bolsas de dormir y la ropa se encuentran con esa sensación fría y maloliente generada por la humedad.

Comienzo con la tarea de cocinar, mientras Sergio se dispone a cocer una vez más sus botas, que aunque eran nuevas ya presentaban importantes roturas. Permanecer muchos días en la montaña y la intemperie, logra destruir progresivamente todo, ya lo hemos experimentado más de una vez.

Nuestro cuerpo y nuestro temperamento, sufre una notable “desintegración” que es vital para lograr “integrarnos” al medio ambiente. Este proceso inevitable, del cual debemos ser muy concientes y que lleva unos cuantos días, trae aparejado momentos de intenso dolor físico, cuestionamientos muy profundos que intentan boicotear nuestros objetivos, alteraciones del sueño y el humor. Todo esto se supera y la adaptación trae un particular bienestar que nos hace disfrutar absolutamente de cada momento.


CALETA LACROIX, PURA VIDA

Pareciera que el sol se despierta muy temprano en este lugar, a las cinco de la mañana ya resplandece y la caleta brilla. Comenzamos a caminar por la playa haciendo frente a una lluvia de arena proveniente del mar, la cual ha ido sepultando un gran bosque que se encuentra alejado de la costa, creando una geografía sombría e inerte de árboles secos.

Una efervescencia de vida explota al lado del mar, sobre el río, sobre las piedras del acantilado y sobre la alfombra de pasto tussok. Una gran manada de ciervos con grandes cornamentas se queda observándonos en la parte alta de una ladera, lentamente se desplazan hasta que los perdemos de vista. Al llegar a un acantilado, bajo la mirada fría y especuladora de una gran cantidad de caranchos negros y jotes cabeza colorada, una colonia de pingüinos penacho amarillo nos recibe con su canto muy particular. Las mamás cubren con su cuerpo a sus frágiles pichones de los fuertes vientos que soplan del suroeste y de los oportunistas depredadores. Los machos, aportan el alimento que obtienen en el mar, del cual se escurren saltando graciosamente entre las rocas y las algas.

Un grácil y movedizo huillin, especie que lamentablemente se encuentra en la lista de animales en extinción, constantemente se sumerge entre las algas, asomando apenas su cara y mirándonos curiosamente. Afortunadamente decide salir del agua y así podemos ver su larga y gruesa cola y su brillante pelaje, en un instante se sumerge de nuevo en el frío mar.

En Caleta Lacroix pudimos contabilizar una gran cantidad de fauna, entre ciervos, cabras, pingüinos, jotes, caranchos, cóndores, gaviotas, bandurrias, petreles, gallinetas, cormoranes, zorzales, cauquenes y lobos marinos.

En esta extensa playa también se pueden apreciar grandes y antiguos restos de naufragios y hasta una cadena de ancla que por partes se deja ver, se cree que este sería el posible lugar en donde se produjera el naufragio del “Espora” de Luis Piedra Buena en el año 1873. Más adelante, como un cementerio marino encontramos casi 20 cabezas de ballenas esparcidas por la playa.

RUMBO A PUNTA PARDOU Y PENINSULA LOPEZ

Con dirección sur, comenzamos a subir para llegar a Punta Pardou. Nuevamente la montaña nos hace sentir el peso de las mochilas y el cansancio. Muy lentamente logramos ganar altura y podemos divisar la península que, como un brazo, se extiende hacia el mar y cierra la parte sur de Bahía Franklin.

Un largo y agotador descenso entre renovales de canelos, grandes árboles caídos y helechos nos acerca a un bellísimo bosque de árboles muy grandes que posee un arroyo que desemboca en el mar.

En el lado norte de la escarpada playa, una colonia de pingüinos de Magallanes con pichones es precedida por miles y miles de pingüinos penacho amarillo que cubren la montaña hasta los 300 metros de altura. Se puede admirar la disposición de angostas sendas que les facilita su desplazamiento para ir en busca de comida al mar y regresar a sus nidos con un increíble poder de orientación.

Esta colonia de pingüinos penacho amarillo supera por centenas de miles a la que pudimos ver en Caleta Lacroix. Existen colonias de cormoranes imperiales mezcladas en las mismas, todos conviviendo en armonía, solo alterados por los cientos de depredadores que vuelan a su alrededor. En el mar, cerca de la costa, más de cincuenta petreles gigantes y un grupo de lobos marinos, también controlan la población de pingüinos.

Cargando lo imprescindible nos disponemos a partir muy temprano para recorrer toda Península López, y apreciar la costa sur de la isla que es la más escarpada. El clima continuaba hostigador pero ya acostumbrados y en buen estado de salud a pesar del cansancio, mantenemos un buen ritmo de caminata.

Toda la península es una gran meseta de alta y tupida vegetación mezclada con turba. Lagunas delicadamente contorneadas parecen los espejos del cielo. Ya casi llegando al extremo sur, nos llama la atención el vuelo de varios petreles gigantes, al acercarnos, observamos una colonia de esta especie que se encuentra empollando.Un gran número de ciervos y cabras corren a lo lejos.

Otro fuerte aguacero nos empapa antes de llegar al campamento con las últimas horas de luz. Llega la hora de descansar, no sin antes tomar nota de todos los animales que vimos y marcar en el mapa nuestro recorrido diario apreciando nuevamente que hemos podido recorrer y conocer un pequeño pedacito de este planeta.

En este campamento realizamos una salida nocturna que nos mostró una imagen distinta, colmada de pequeños insectos, ruidos y sensaciones diferentes a las que se puede apreciar de día. Con la ayuda de las linternas recorrimos los alrededores del campamento durante varias horas para llegar a un lugar estratégico en donde pudimos ver la silueta de la hermosa isla grande de Tierra del Fuego que, con las luces de un increíble amanecer, se contorneaba en nuestro horizonte.

Llenos de nostalgia, recordábamos nuestra expedición por Península Mitre, cuando desde Bahía Buen Suceso, añorábamos la Isla de los Estados que se dibujaba en un amanecer frío del mes de Abril del año 2008.

CAMBIANDO DE RUMBO

Cerrando una etapa comenzamos a dirigirnos hacia el Este, siempre por la costa sur, impresionados por los altos acantilados. Durante un día entero de caminata, nos encontramos mágicamente arriba de las nubes, éstas se encuentran flotando a pocos metros del nivel del mar, y nosotros, cincuenta metros más arriba de ellas, ansiamos que ese momento no se termine más.

En este punto de la isla la fauna es escasa, si bien podemos apreciar los movedizos rayaditos, remolineras, chingolos y algún ciervo solitario, es notable como disminuyen las aves marinas, las cabras, jotes y caranchos que hacen su aparición muy esporádicamente.

LAGUNAS DE ALTURA

En el interior de la isla existen más de cien lagunas de agua dulce alimentadas por las constantes precipitaciones, se las puede encontrar totalmente de piedras, en turbales, o escondidas en el bosque menos esperado.

Durante nuestro recorrido, en muchas ocasiones, acampábamos por más de un día, nos dedicábamos a recorrer los alrededores, ascender algunas cumbres e identificar estas lagunas. Realizar estos viajes diarios sin cargar tanto peso fue imprescindible para nuestro trabajo, ya que así pudimos documentar gran parte del interior de la isla.

La laguna que más nos impactó fue la denominada La Nieva. Esta laguna de altura que pareciera ser el cráter de un volcán dormido, llamó nuestra atención en los tiempos en que observábamos por horas y horas el mapa de la isla mientras organizábamos la expedición. Totalmente rodeada de montañas de piedra, sin vegetación, es un ojo de agua color esmeralda al cual no nos fué fácil acceder. De la misma surge un pequeño río por donde se regula su nivel, el cual se transforma en una gran cascada que se pierde en el valle en el cual habíamos acampado. Con un día particularmente diáfano a pleno sol y viento logramos recorrerla y disfrutar de un verdadero paisaje de piedra y agua, a casi 500 metros de altura, completando el paisaje un solitario cóndor vuela cerca nuestro ! Muy cerca nuestro se encuentra el Monte Bove el más alto de la isla con 823 metros que al ascenderlo a pesar de las nubes bajas nos deja tener una vista panorámica de toda la isla.

Aquí en una grieta ubicada en lo alto de la montaña, sobre el margen de la vegetación, Sergio descubrió un gracioso pichón de carancho negro. Entre su pelaje color marrón claro esponjoso y abultado, se podía ver el buche pelado y sobresaliente. Llamaba la atención sus desproporcionadas patas y ojos.

Dada la época del año, las crías de varias especies inauguraban sus primeras horas de vida. Nosotros, fascinados con estas pequeñísimas manifestaciones de ternura, nos deteníamos todo el tiempo necesario para disfrutar y fotografiar nidos y pichones que se encontraban en algunos casos en lugares prácticamente inaccesibles.

Después de circundar la zona Este de la isla, Caleta Brent cierra una etapa que duró un mes. El monte denominado Fantasma nos deja descender hasta la playa de Puerto Parry en donde se encuentra el destacamento Luis Piedra Buena.



EXTREMO ORIENTAL

Soledad, piedra, montaña, viento, lluvia, bosque y más soledad, y más viento, y más piedra y más montaña y más bosque. Aún siguiendo siempre una meta, a veces es difícil continuar, el paisaje cargado de energía suele ser el único en darnos fuerzas para seguir. Desde Puerto Parry hacia el Este, las montañas se encuentran más juntas, las lagunas se suceden casi obligatoriamente, el acantilado del lado sur es tan pronunciado que causa temor.

El lado Este de la isla presentó muy mal clima, llovió intensamente casi la totalidad de los días y dejó ver una isla diferente, saturada por completo su capacidad de absorción, el agua se veía fluir por cada centímetro como si de sus arterias se tratara. Una gran cascada que caía cerca de la carpa, al otro día se encontraba acompañada por tres cascadas más después de una noche de lluvia.

Bahía York dentada y espeluznante le hace frente a las tempestades que llegan violentas desde el suroeste y así también a cualquier persona que quiera atravesar sus costas.

Como las aletas de un gran tiburón que emerge del mar, los islotes Dampier son los más grandes de la costa sur.

Puerto Vancouver mirando al Sur comparte la historia con Puerto Cook. Unidos por solo 500 metros, forman el único istmo en la isla. Cook posee añejos vestigios del pasado relacionados al presidio que entre los años 1899 y 1902 se estableció en la isla. Algunos cientos de metros más arriba de la pedregosa costa, existe un antiguo cementerio. Entre una tupida y húmeda vegetación apenas se dejan ver una decena de cruces. De todas éstas, la que más llama la atención es una tumba que posee un cerco de hierro forjado, al igual que su cruz, que aún se mantiene en pie a pesar de las tempestades y de los años transcurridos.

Este cementerio como el que se encuentra en San Juan de Salvamento, dejan el más profundo y triste de los sentimientos. Un total confinamiento de vivos durante las épocas del presidio sepultó para siempre las almas de hombres y mujeres que quedaron enterradas en la completa soledad de la Isla de los Estados.

CERCA DEL FARO DEL FIN DEL MUNDO

En casi toda la costa oriental se observa que el denso bosque llega hasta la línea de marea. Bahía Blossom, es un de las pocas excepciones y posee una hermosa playa que tristemente acumula la basura que arrastra el mar y que proviene de diferentes tipos de embarcaciones que circulan cerca de la isla. En el interior de la zona este, no existe un solo lugar que no se encuentre cubierto por vegetación, únicamente las zonas de piedras se encuentran liberadas de esta asfixia

En la playa de Puerto de San Juan de Salvamento placidamente duerme un juvenil de elefante marino, muy cerca, un simpático pingüino de barbijo limpia pacientemente sus plumas. A horas de esta playa aparece Punta Laserre, a 30 metros sobre el nivel del mar, se encuentra El Faro de San Juan de Salvamento, el también llamado “Faro del Fin del Mundo” debido a la novela del francés Julio Verne. Este faro comenzó a funcionar en el año 1884. En el año 1902, la Armada Argentina, decidió, debido a que presentaba limitaciones por su localización y equipo lumínico, reemplazarlo por uno nuevo en la Isla Observatorio. Quedando así abandonado y a merced del clima, se deterioró progresivamente. En el año 1998 y con apoyo del gobierno francés se llevó a cabo su reconstrucción.

Puerto Roca tiene la playa de arena más extensa de la isla, desde la cual se aprecian los Islotes Yofre y la Isla Observatorio. Aquí se encontraba una gran colonia de pingüinos rey. Esta especie fué exterminada por cazadores en el siglo XIX, los mismos arreaban a los pingüinos por caminos marcados por palos hacia los corrales, una vez encerrados, procedían a matarlos a garrotazos, luego le sacaban la piel y la grasa para derretirla y obtener aceite.

En Bahía Colnnet, separada de la línea de marea por un centenar de metros hacia el interior de la isla, se encuentra el Lago Lovisato, este es el lago más grande de toda la reserva, en él una bulliciosa colonia de gaviotas cocineras y gaviotas australes con sus hermosos pichones llenan de vida el paisaje y, en la playa de la bahía, diez pingüinos rey caminan elegantemente hacia el mar.

Puerto Parry se encuentra a 12 kilómetros aproximadamente de Bahía Colnnet; 12 kilómetros implicarían aproximadamente tres horas de caminata. Pero aquí, el terreno es diferente, 12 kilómetros, implicaron 12 horas de caminata.

Este ultimo relato del extremo oriental, lo escribí recordando lo que Sergio me contó cuando estábamos sentados en la costa de Punta Colnnet. Su recorrido en solitario por la parte Este de la isla me es fácil de imaginar. Cada paisaje, cada sensación descripta me estremecía, cuando lo miraba a los ojos, yo entendía de qué me hablaba.

Después de caminar un mes por toda la zona Oeste de la Isla de los Estados bajamos al destacamento de la Armada en Puerto Parry, con la finalidad de recargar algunas baterías, secar y reorganizar nuestros equipos y retomar fuerzas. Con un marcado agotamiento físico y habiendo perdido casi 10 kilos producto del gran peso que cargué durante un mes, en una difícil y extenuante geografía, decido no continuar en la segunda etapa de la expedición. Seis días después Sergio decide partir solo rumbo al Faro del Fin del Mundo.

Mi decisión generó la replanificación de un proyecto que había nacido de a dos. Pero siempre prevaleció el objetivo por el cual estábamos allí, sin dudarlo había que continuar. Mi cansancio podía generar retrasos y hasta tener que abandonar la expedición antes de cumplir las metas. Razón más que valedera para darle fuerzas a que él continuara a pesar de separarnos por unos días. Con su fortaleza física y mental logró recorrer toda la isla y cumplir su tan ansiado sueño. Yo lo acompañé en cada paso que dió, ví a través de sus ojos todos los paisajes que él vio y llena de orgullo y alegría lo ví regresar al puesto después de 20 días de una dura travesía en solitario, como con 20 kilos menos, totalmente mojado, pero con la mirada serena, satisfecho y realizado.

Después de que Sergio retornara al apostadero salimos a navegar en kayak por las increíbles costas del fiordo para poder documentar una pequeña parte de lo que se ve desde el mar. Pudimos disfrutar de varias navegaciones en kayak por Parry interior y Parry exterior. En esta ocasión llegamos hasta Punta Colnnet, desembarcando así y accediendo a lugares donde es realmente complicado llegar a pie.

Un día sereno de sol nos permite navegar tranquilos, el kayak se desplaza rápidamente. Podemos ver una gran cantidad de aguas vivas que destellan encendidas por su natural luz. Grandes bancos de algas color pardas frenan el kayak, sumerjo la filmadora en el agua para capturar el jardín marino que se esconde debajo del agua fría de la isla. Pequeños peces se cruzan entre las algas y enormes ostras se incrustan en las piedras sumergidas bajo la alta marea. Estrellas de mar, caracoles, medusas, cangrejos y lobos marinos son algunos de los habitantes que podemos ver en las costas y durante la navegación.



Faltan diez días para que el barco venga a buscarnos, ocupamos ese tiempo para fotografiar la flora, los insectos y las aves que se encuentran en el lugar y realizamos varias expediciones cortas a lagunas y montes cercanos, tratando así de desviar la nostalgia que nos invade por tener que abandonar la isla.

El día 28 de Enero del año 2010 el buque Aviso Teniente Olivieri, nos lleva hasta la Isla Observatorio, antes de emprender el final de nuestra expedición. Después de varios minutos de navegación en zodiac, desembarcamos en la isla, únicamente con las cámaras de fotos y de video. La pequeña isla se eleva como una gran planicie en el mar.

La imagen que nos quedó fuertemente gravada de esta isla fué, la gran cantidad de fauna que se distribuye en una superficie tan pequeña. Colmada de cormoranes imperiales y de cuello negro, cauquenes cabeza gris, petreles gigantes, palomas antárticas, conejos, bandurrias australes y enormes lobos marinos de un pelo que reposaban sobre el verde pasto de una ladera cerca del mar.

En algunas partes, mantas de flores adornan la isla, mezcladas con altos pastizales que ocultan los nidos de los pingüinos magallánicos que se encuentra esparcidos por todos lados inclusive, en los alrededores de la casa que se encuentra en el faro.

El antiguo faro, que funciona desde 1902, con la historia adherida a sus paredes, a sus puertas, a sus ventanas, atesora en su luz que alumbra el mar desde lo alto, miles de imágenes que solo él puede ver. Esta estructura permanece totalmente desprotegida del terrible viento que la agobia continuamente desde hace casi ya 108 años.

CONCLUSION

El primero de febrero de 2010, después de casi dos meses y medio de travesía, regresamos a Ushuaia logrando documentar la totalidad de la Reserva Ecológica Isla de los Estados. Después de haber recorrido las costas, cumbres y las lagunas que adornan la cordillera que se alza en el interior de la isla y haber desafiado un clima extremo, regresamos con un registro de 20.000 fotografías, más de 30 horas de video de alta definición y una importantísima recopilación de datos sobre la fauna marina y terrestre que habita la isla.

Pudimos documentar un importante yacimiento de ocupación aborigen. Logramos confirmar la distribución de animales introducidos como el Ciervo Colorado (Cervus Elaphus) y la Cabra salvaje (Capra ibex) y fotografiar animales en peligro de extinción como la Becacina Grande (Gallinago Stricklandii) y el Huillín (Lontra provocax).

En breve presentaremos un resumen de todo el trabajo realizado en la reserva. Explayándonos de una manera sencilla, clara y adaptándonosa diferentes niveles, trataremos de presentar en lamayor cantidad de instituciones posibles, todo lo documentado en la Reserva. Exponiendo fotos y relatando vivencias, trataremos de transmitir el valor de la Reserva Isla de los Estados, los ecosistemas que en ella y sus costas habitan y el interés que debemos tener todos en su cuidado.

La finalidad primordial va a ser la de transmitir la importancia y la necesidad de una Reserva Natural en el tiempo en que vivimos. La importancia de una cultura natural, nos parece algo fundamental para el desarrollo de los niños. Ellos son los que se enfrentan al delicado estado de nuestra Tierra.

EL REGRESO

Regresé con los ojos llenos de estrellas, y la frente mojada por la dulce lluvia mezclada con la sal del mar que el viento despega de la playa como si fuera su piel.

Y regresé convencida de que ese día llegará, cuando se restablezca el equilibrio, cuando la naturaleza cure las heridas que le hemos hecho, cuando podamos darnos cuenta que al lastimarla, nos lastimamos, que cada acción que sobrepase los límites necesarios, es alejarnos de lo único que puede prolongar nuestra existencia como seres humanos en el planeta.

Cuando nos demos cuenta de que lo elemental que necesitamos para vivir, surge de la tierra que pisamos y del aire que respiramos que nos sostienen desde hace millones de años.

Cuando podamos asumir que todo lo que tenemos se lo debemos a la tierra.

Cuando valoremos a nuestros antecesores los aborígenes que tuvieron el privilegio de ser los primeros en disfrutar la tierra virgen y que supieron cómo integrarse a la naturaleza coexistiendo con ella sin ultrajarla.

La fuerza que la naturaleza posee y que hemos podido experimentar en estos extremos de la tierra nos demostró que nada podrá con ella cuando ella decida restablecer su equilibrio.

Isla de los Estados, una maravilla natural, la energía dominante, la fuerza, la incontrolable naturaleza.

MAS FOTOGRAFIAS...

El Proyecto Fotográfico Isla de los Estados fue sponsoreado por:

Las siguientes empresas tambien participaron en este Proyecto:

Laguna Negra, Gualdesi Hnos., Insumos Industriales, Chocolateria Ushuaia, Panaderia La Unión, Distribuidora Caiquen, INCOFUE, Distribuidora Integral, El Diario del Fin del Mundo, Video Club Brujas, FotoCenter, Edelweiss, Farmacia Andina, 137 Pizza y Pasta, Master`s Informática, Comunicaciones Fueguinas.


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